Ignacia Agüero: oficio, juego y desfachatez para vivir la escena

6 de octubre de 2022


Ignacia Agüero, académica de la línea de movimiento de la Escuela de Teatro UC, ha tenido un año plagado de desafíos actorales. Y es que, la actriz, egresada en 2008 de esta misma casa de estudio, ha tenido un total de cinco estrenos durante este 2022, y se prepara hoy para el reestreno de "Atentamente Reino Fungi".

A partir de esta intensa experiencia Ignacia reflexiona acerca de cómo su quehacer actoral se ha ido moldeando y transformando. Ello, en la medida en que el paso entre una y otra obra no solo le ha significado un cambio constante entre personajes. Sino que, además, ha implicado la adaptación a diferentes grupos de trabajo, distintos escenarios, estilos y lenguajes escénicos -tanto a nivel dramatúrgico, como de dirección-.

¿Qué estrategias actorales se despliegan para abordar las particularidades de cada experiencia? ¿Cómo se organiza la superposición de ensayos y estrenos de diferentes obras? ¿De qué manera la caracterización -sello reconocible en la creación de los personajes de Ignacia- se modifica al servicio de cada montaje? Son algunas de las interrogantes que se disparan al reconocer su destacado desempeño en la programación santiaguina del 2022.

El escenario como un hábitat

Atentamente Reino Fungi, dirigida por Sofía Zagal; El Violinista en el tejado, dirigida por Ramón Gutiérrez; Jugar a la Guerra, dirigida por Juan Pablo Troncoso; No llorar, dirigida por Juan Diego Bonilla; y José desierto, de Cía. Ltda.; son los montajes que ha estrenado Ignacia este año. A lo que se suma el reciente reestreno de la de la primera de estas obras en Matucana 100.

A lo largo de este proceso, varias cuestiones han hecho que la actriz haya ido reconciendo la imposibilidad de llevar el control de todo. Esto, en la medida en que el traslape entre ensayos y funciones y la dificultad para el repaso de los textos en solitario, entre otros factores, han dificultado su proceso personal de estudio. En este contexto, Ignacia logra distinguir cómo los años de oficio han ido haciendo lo suyo. En la medida en que si bien, no se siente con la capacidad de memorización de antes, sí logra reconocer una calma y una forma de habitar la escena que le es sorprendentemente cómoda:

“No es que necesariamente siempre lo haga bien, pero sí me pasa que el escenario es un hábitat que entiendo, o que creo que entiendo. Sé moverme mucho mejor que como me muevo o como existo en la vida cotidiana. Es como si los principios del escenario me fueran más lógicos o razonables que los de la vida normal.”

Metodologías de Montaje

Las especificidades de cada proyecto reafirman la versatilidad de Ignacia. Así, al reflexionar acerca de las metodologías de creación de cada obra, la actriz es capaz de rastrear cómo cada una pavimenta caminos diferentes y cómo ella habita de manera diferente cada proceso.

Por ejemplo, en Jugar a la Guerra, Ignacia comenta cómo “desde la dirección, se ponía mucho énfasis en no crear personajes, sino que trabajar las relaciones.” A partir de lo cual aparecían las dinámicas de las escenas.

Por otro parte, en No llorar, la obra dirigida por Juan Diego Bonilla, el personaje surgía de la composición escénica de partituras de movimiento. En donde, según afirma Ignacia “una como actriz tiene que ir teniendo la habilidad de repetir aquella composición escénica, llámese desplazamiento o partitura de acciones, y unirla con las partituras escénicas de les demás actores/ actrices en escena.”

Luego, al abordar el caso del reestreno de José Desierto, Ignacia rememora el hecho de que la primera función de la obra coincidiera con el cierre de los fondos concursables nacionales, FONDART. Lo cual hizo que el proceso de ensayo fuera aún más vertiginoso, en la medida que su rol de actriz debía compartirse con la redacción de los proyectos a postular.

“Ahí una se da cuenta que las obras calan y dejan una especie de huella. En mi caso, los textos se quedan como si fueran una canción. Entonces voy recordando como una melodía, un ritmo. Las palabras me costaban un poco, pero cuando aparece ese engranaje, que es como una canción, no solo mía sino con mis compañeres, ahí vuelve a una el recuerdo.”

Sumado a ello, Ignacia cuenta cómo es que en Cía. Ltda. los textos “se mueven mucho”, es decir que la versión escénica dista mucho de cómo estaban en la versión en papel. Razón por la cual “hay una partitura, que no es necesariamente la partitura del texto, que no queda grabada en ninguna parte más que el interior de cada actor o actriz.”

No llorar, de Juan Diego Bonilla.

Construcción de personajes

Ignacia reconoce en su trabajo una tendencia hacia la construcción de personajes a partir de la caracterización física y vocal. Dichas características son tan precisas en su confección, que la actriz es capaz de distinguir sutiles diferencias en personajes que no necesariamente abordó, en un origen, desde esa estrategia. Es el caso de su interpretación en No llorar en donde la caracterización devenía estrechamente ligada de las partituras espaciales, desde donde Ignacia desprende “una especie de ritmo, y temperatura de la obra” para finalmente, a partir de ello dar luces de quién es ella dentro de ese engranaje. A lo anterior, luego se irían sumando las particularidades que, aunque sutiles, iban moldeando su quehacer:

“Me movía el pelo de una manera, llevaba la pelvis un poco más hacia adelante, me paraba con uno de los pies abiertos. Cosas muy pequeñas.”

En otros casos, dicha caracterización vocal y gestual fue mucho más acentuada, como es el caso de su personaje en El Violinista en el Tejado, único proceso de los que narra, en donde pudo trabajar la construcción de manera más independiente. Quizás sea por lo rotundo y sostenido en el tiempo de los ensayos y funciones de esta obra que, la Señora Yente -nombre de su personaje-, todavía hoy se le aparece:

“Se me aparece la voz. Me doy cuenta que es como una posesión que entra y que me aparece en la voz en ciertos ritmos, y en ciertos gestos con la boca, y rápidamente trato de escaparme de ahí.”

En contraposición a lo hasta aquí mencionado, de todas las obras mencionadas, Ignacia reconoce que fue la experiencia en Jugar a la guerra la que más la desafió dentro de esta vorágine actoral. Precisamente, por la propuesta que desde dirección fomentaba la construcción de los personajes netamente a partir de las relaciones establecidas con los demás.

“Me sentí expuesta al no tener una base caracterizada corporal o vocal, sin embargo, hay otros elementos en que uno puede apoyarse, como el texto, los compañeros de escena y las dinámicas propuestas por la dirección.”

Por lo anterior, la buena recepción, no solo de la obra, sino que también de su desempeño, la sorprendieron gratamente:

“¿Cómo es posible que funcione si la que está ahí soy yo? Era yo, eran mis formas de reaccionar, mi voz, mi cuerpo.”

José Desierto, de Cía. Ltda.

Oficio

Finalmente, Ignacia destaca la transformación que ha tenido al pensarse en la actuación.

“Quizás todo este proceso rápido, de cambios de obra muy veloz, ha calmado algo en mí en cuanto a la actuación. Mucho tiene que ver con el juego; con tener la habilidad o la capacidad de jugar. O tener la desfachatez de pararse en un escenario a vivir. Y creo que esas dos cosas, son las que me han ayudado en este proceso. Y me han hecho pensar que quizás la actuación no sea tan dura, dogmática o estructurada.”

Sin embargo, al mismo tiempo, la actriz reconoce cómo lo anterior se enriquece del amplio recorrido que ha realizado en todo su quehacer artístico: “Por otra parte, pienso que esta calma quizás solamente aparece después de años de trabajo. Quizás si me enfrentara a esta situación siendo más joven no sería igual. Tiene que ver con la edad y el hecho de no tener tanto tiempo para pensar, sino para resolver”

Vínculo con la pedagogía.

El despliegue actoral de Ignacia, se entrelaza fuertemente con su labor docente en la Escuela. No solo en cuanto a la organización de tiempos que ello conlleva. Sino que, sobre todo por el vínculo que ella misma establece entre sus dos quehaceres:

“Yo no podría hacer clases si no actuara, porque todo lo que enseño es algo que yo hago. Muchas veces durante la misma clase muevo algo yo misma y así entiendo algo que quiero decir. Siento que todo necesita pasar por mi entendimiento de actriz para poder enseñarlo o traspasarlo. Y como a mi actriz le ha pasado tanto, y ha pasado por cosas tan distintas me cuestiono varias cosas. Afortunadamente soy reflexiva y puedo ir escribiendo mis dudas, y ahí voy pudiendo desenredar estas crisis docentes en las que entro. Quizás desde ese punto de vista, hay tantas maneras de pararse en un escenario y tantas maneras de hacer clases, como personas.”

 

 

 

 

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