3 de agosto de 2026

photo_camera Por Carlos Martínez.
Hay una palabra que Andrea Ubal repite varias veces durante la conversación: posta.
No la usa como metáfora del relevo deportivo, sino como una forma de explicar cómo entiende el liderazgo. Durante más de tres décadas ha transitado prácticamente todos los espacios posibles dentro de la Escuela de Teatro: primero como estudiante, luego ayudante, profesora, coordinadora de Extensión, encargada de Investigación, jefa del programa de Magíster, subdirectora académica y directora interina. Ahora, en 2026, toma oficialmente la dirección de la Escuela.
Un traspaso que históricamente desde la Escuela no es entendido como ruptura, sino como la construcción de un trabajo basado en lo colectivo. Desde esa experiencia, adelanta que uno de los primeros desafíos será revisar el camino recorrido durante la última década.
"Hay que sostener las cosas que están funcionando bien y empezar a revisar aquellas que, por el tiempo en que estamos, requieren una nueva mirada", adelanta.
Uno de esos procesos será la evaluación de la actual malla curricular, implementada hace diez años y atravesada por acontecimientos que modificaron profundamente la experiencia universitaria, como el estallido social y la pandemia.
La revisión también alcanzará a los Certificados Académicos de Especialidad, donde la Escuela busca proyectar nuevas áreas de formación. Entre las posibilidades aparece la creación de un espacio dedicado a la gestión y producción teatral, una idea que, según cuenta, surgió de manera paralela tanto en sus propias reflexiones como en las del exdirector, Mario Costa.
Su llegada a la dirección coincide con un momento especialmente complejo para el sector de las artes y cultura. Durante este año, el Ministerio de Hacienda anunció un ajuste presupuestario que afectó a distintas reparticiones públicas y uno de los mayores recortes recayó sobre el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Sumada a la dramática rebaja a los Fondos de Cultura 2027, junto con cuotas a proyectos que centren a las familias como público objetivo y la promoción de la alternancia en su adjudicación.
En ese escenario, Andrea Ubal no duda al señalar que la Escuela de Teatro no puede mantenerse al margen de las discusiones que atraviesan al país. Más que ofrecer respuestas inmediatas, cree que el teatro tiene la responsabilidad de generar espacios para pensar colectivamente la realidad. "La contingencia no puede quedar fuera de la sala de clases", afirma.
"Reflexionar en colectivo y accionar en colectivo es una de las fortalezas de nuestro oficio. Como docentes abordamos esas problemáticas en los ejercicios, en las obras y en las conversaciones que ocurren durante el proceso formativo. También es una manera de desarrollar el pensamiento crítico de nuestras y nuestros estudiantes", añade.

Registro del Laboratorio Teatral 2016 a cargo de Andrea Ubal.
Si hace más de tres décadas ingresó a una generación de apenas 18 estudiantes, hoy cada cohorte bordea las 50 personas y enfrenta un escenario radicalmente distinto, atravesado por la hiperconectividad, la inteligencia artificial y la velocidad con que circula la información.
"Es bien interesante porque el teatro parte de la base de que es ficción, pero de alguna manera hoy la ficción se ha instalado en la realidad. Uno entra a las redes sociales o ve las noticias y todo está muy ficcionado", afirma.
Para la nueva directora, esa posibilidad convierte al escenario en uno de los pocos lugares donde todavía es posible detenerse, escuchar y construir sentido compartido. Más que competir con las nuevas tecnologías, plantea que el desafío es aprender a convivir con ellas sin perder aquello que hace único al teatro: la presencia.

"Dentro de tanta ficción, el teatro vuelve a convertirse en un espacio más honesto, donde las cosas están más transparentes", dice Andrea Ubal.
¿Qué diferencias ves entre estudiar teatro antes y hoy?
-Con tanto estímulo, pienso que es más difícil para los estudiantes de hoy ser sujetos dentro del colectivo, ser individuos, hay un trabajo permanente por que ellos encuentren su palabra, su voz.
Uno de los conceptos que moviliza a la nueva directiva es la construcción de puentes no solo entre la Escuela y el resto de la Facultad de Artes, sino también con otras disciplinas, con la investigación y, especialmente, con la sociedad.

"Es muy importante entender el teatro como espacio de encuentro y no como un arte elitista. El desafío constante es cómo hacer que aquellas personas que nunca han tenido acceso puedan ser partícipes de la experiencia", dice la también Doctora en Estudios y Prácticas Teatrales por la Universidad de Quebec en Montreal (UQAM).
Para ello menciona iniciativas como los programas de teatro aplicado, los diplomados y las experiencias que han llevado montajes estudiantiles a plazas y espacios públicos.
Sin duda es muy importante un mayor apoyo en recursos, pero desde las posibilidades actuales, ¿cómo se amplían esos públicos?
- Tiene que ver con qué decidimos contar, con entender que cuando tenemos un alcance mayor es importante que lo que estamos contando en escena sea accesible. Tenemos la tendencia de hacer teatro para nosotros, para los actores. Hay que saber leer los contextos, tratar de salir.
"Yo tengo más de 30 años como actriz y todavía nos encontramos con gente que es primera vez que va al teatro en su vida", añade.
El primer escenario de Andrea Ubal no fue un teatro. Fue un tapete de gimnasia rítmica. Durante años entrenó como seleccionada nacional, memorizando secuencias, eligiendo músicas y perfeccionando movimientos. Pensaba que ese sería su camino, hasta que descubrió otra disciplina donde el cuerpo también hablaba.
"Me di cuenta de que el teatro era muy parecido a ser gimnasta. Requiere de rigor, de compromiso; el ensayo equivale al entrenamiento; el entrenador al director o directora de una obra", explica.

De izquierda a derecha, Ignacia Agüero y Andrea Ubal.
Lo que comenzó como una continuidad de esa disciplina terminó encontrando un sentido mucho más profundo. La docente ingresó a estudiar Teatro en 1990, justo cuando Chile iniciaba el retorno a la democracia. En ese contexto, el escenario aparecía también como un espacio para expresar aquello que muchas veces no encontraba lugar en otros ámbitos.
"Yo sentía que había que encontrar espacios donde se pudiera decir aquellas cosas que no se podían hablar tan directamente. Desde ahí nació mi interés", confiesa.
Con los años, esa búsqueda inicial fue dando paso a otra certeza: el teatro solo cobra sentido cuando se construye junto a otras personas.
"Me enamoré del teatro en lo colectivo, porque creo que muchas personas juntas pueden ser más que una persona sola. Los cursos y las compañías suelen ser comunidades efímeras: uno crece con ellas, aprende y también vive el duelo cuando un proceso termina para dar paso a otro".
Quizás por eso recibe esta nueva etapa con la misma naturalidad con la que antes hablaba de la posta. Nunca imaginó que asumir la dirección de la Escuela de Teatro formaría parte de su proyecto personal, pero hoy siente que cada una de las experiencias acumuladas dentro de la Universidad converge en este momento.
"No estaba en mi plan de desarrollo personal estar aquí, pero las cosas se dieron. Me formé en esta Escuela y siento que toda esa experiencia hoy puede convertirse en un aporte para mi comunidad", concluye.
Durante agosto, David Atencio asumirá la subdirección de la Escuela de Teatro y, desde septiembre, Mario Costa iniciará sus funciones como director del Teatro UC, dando continuidad a una nueva etapa para ambas instituciones.

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