La escena teatral lamenta la partida de Violeta Vidaurre

 

La recordada actriz de teatro, radio, televisión y cine falleció hoy, justo en el día de su cumpleaños número 93, dejando en la memoria de sus colegas y del público una amplia y dilatada trayectoria. Parte importante del Teatro de Ensayo de la UC, la artista participó también en destacados montajes del Teatro UC y fue profesora de la Escuela de Teatro UC. 

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Al pensar en Violeta Vidaurre (1928-2021) de inmediato se vienen a la mente sus personajes en teleseries como “El circo de las Montini”, “Pampa Ilusión” y “Romané”. Algunos con más años en el cuerpo recordarán también su participación en “Juani en sociedad”, “La torre 10” y en la serie de televisión “Martín Rivas”. Pero la carrera de más de seis décadas de la talentosa actriz nacional empezó en las tablas, donde su paso tuvo gran significancia y desde donde esta mañana surgieron voces para destacar el profesionalismo y compañerismo que la distinguió.

Si hablamos de la historia del teatro chileno su nombre es uno de los que no pueden faltar. Junto a Matilde Broders, Ana María Vergara, Inés Pino, Mónica Araya, Víctor Meiggs y Héctor Noguera, formó parte una camada de actores y actrices que estudió en la Escuela de Arte Dramático UC (orígenes de la actual Escuela de Teatro UC) y que luego se incorporó al trabajo que venía realizando, desde su fundación en 1943, el Teatro de Ensayo de la UC. 

En la compañía universitaria la actriz compartió con actores y actrices ya consolidados, como Ana González y Justo Ugarte, participando en producciones como “Mucho ruido y pocas nueces” (1963), “Antígona” (1969), “Casimiro Vico, primer actor” (1965) y “El tony chico” (1964). Su actuación en esta última obra tiene un tinte especial, pues su autor, el novelista y dramaturgo Luis Alberto Herinemans, era primo de Vidaurre.

Es en “La pérgola de las flores”, musical de Isidora Aguirre estrenado el 9 de abril de 1960 y que luego se convertiría en un hito del teatro en Chile, donde su figura cobra mayor notoriedad. Al elenco principal de esta obra llegó, como ella misma contaba, de manera fortuita. Estando en el coro fue el director de la pieza, Eugenio Guzmán, quien se fijó en ella para reemplazar a Silvia Piñeiro en el papel de Laura Larraín, uno de los personajes protagónicos. 

“Silvia no se enfermaba nunca, así que yo no tenía posibilidad, pero de repente no pudo hacer una función y yo tuve un día para aprenderme el personaje. Al final estuve en varias funciones, porque lo hice bien y don Eugenio me ofreció hacer una función yo y otra la Silvia en una gira a Viña. Yo le dije que no por la Silvia, que no tenía la culpa de haberse enfermado”, reconoció en una entrevista al diario Las Últimas Noticias hace unos años, cuando personificó a Doña Ramona, la madre de Tomasito en “La pérgola de las flores”, en otra de las versiones del montaje.  

En esos años conoció junto a sus camaradas de escena los aplausos, el reconocimiento y las giras. “Era como en Broadway, ¿cuándo se ha visto eso hoy en día? Llenábamos todos los días”, confidenció Vidaurre a la Revista Universitaria para el aniversario número 56 del Teatro UC. En la misma nota comentaba los elogios de la crítica internacional durante las presentaciones de la pieza en España: “Un diario llegó a decir que nosotros les habíamos dado una lección de cómo debía ser la zarzuela ahora”, aseguró.

Su trayectoria teatral en la UC abarca también montajes del Teatro UC, como “Casa de muñecas” (1980), de Henrik Ibsen, dirigida por Alejandro Castillo y donde actuó junto a Héctor Noguera, Elsa Poblete, Gloria Münchmayer y Arnaldo Berríos, entre otros. “La visita de la vieja dama” (1998), de Federico Dürrenmatt, es una de las últimas producciones de la sala universitaria en las que participó. Ahí, bajo la dirección de Willy Semler, compartió escena con Bégica Castro y Edgardo Bruna. A esto se suma la contribución que realizó en la formación de nuevas generaciones de artistas como profesora de la Escuela de Teatro UC.

En teatro también destaca su trabajo junto a la Compañía de los Cuatro, junto a Orietta Escámez, Humberto y Héctor Duvauchelle, grupo que tuvo sus orígenes en la ciudad de Concepción y cuyos montajes incluyeron nombres como el de Claudio di Girólamo, Franklin Caicedo, Pedro Mortheiru y Víctor Jara.

Nos tomamos la univeridad 240x300El adiós de la UC y sus pares 

“Hoy se despide para siempre de los escenarios la destacada e incombustible actriz Violeta Vidaurre. Ex alumna de la UC, inició su carrera en el reparto del Teatro Ensayo de la Universidad Católica y marcó una época en las tablas nacionales. A su haber tiene más de 300 papeles en cine, radio, televisión y teatro. Recordaremos con cariño y respeto su aporte a la cultura del país”, reflexiona el rector UC, Ignacio Sánchez.

Sus colegas la recuerdan con vivencias y elogios. “Conocí a Violeta Vidaurre como ayudante del profesor de Movimiento, Fernando Colina. Pero mi relación con ella empezó arriba del escenario en 1962, cuando el Teatro de Ensayo montó Las travesuras del ordenanza Ortega, una adaptación que Luis Alberto Heiremans hizo de Les Fourberies de Scapin, de Molière”, rememora con nostalgia Ramón Núñez, Premio Nacional de Artes y amigo entrañable de la actriz. 

El destacado actor y director teatral hace memoria y cuenta que una las últimas veces que actuó junto a Vidaurre fue en la versión de “La pérgola de las flores” que se hizo en el Teatro Cariola, en 1988, bajo la dirección de Eugenio Guzmán, donde la actriz interpretó nuevamente a Laura Larraín y él personificó el papel del alcalde. “Éramos muy amigos, muy colegas y muy conocidos. Yo frecuentaba su casa y ella la mía”, confiesa con emoción mientras retrocede en el tiempo hasta una lectura dramatizada de “Nos tomamos la universidad”, de Sergio Vodanovic, que se realizó según sus datos hace aproximadamente 15 años en la Casa Central de la UC y en la que compartió con Vidaurre. 

“La recuerdo simpática, extrovertida, amiga, sufrida, amorosa y muy buena actriz. Además cantaba y bailaba estupendamente bien. Destaco su larga permanencia en el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica, ella estuvo mucho tiempo ahí y de forma muy constante. Ella fue parte de una generación de grandes actrices que hubo en Chile, entre las cuales se encuentran Silvia Piñeiro, Anita González, Elena Moreno, Maruja Cifuentes y Carmen Barros. A estas actrices las caracteriza un tipo de teatro que desgraciadamente ya no se hace. Con una verdad interna, alejada del estereotipo que generalmente se adopta en el teatro de hoy día”, agrega Núñez.

Alexei Vergara, decano de la Facultad de Artes UC, también tiene palabras para la artista. “Ver a Violeta Vidaurre actuar, era estar frente a un portento de energía del cuerpo y del espíritu que proyectaba bellamente con su voz profunda y gestualidad precisa. Para mí, su partida representa lo efímero de un estilo de actuación que era preciso, algo codificado, dirigido claramente al espectador y a la vez interno y apasionado”, afirma.

Por su parte, la actriz y directora teatral Verónica García-Huidobro cuenta que “Vidaurre fue mi profesora de maquillaje cuando estudié Teatro, entre los años 79 y 83, en la Universidad Católica. En ese entonces, me sorprendió mucho su capacidad técnica y pedagógica, pero lo que más me impresionaba era que se trataba de una mujer de la edad de mi mamá que, aparte de tener una familia, era actriz y hacía clases. Entonces siempre fue un referente súper importante y especial para mí, primero porque a mis veinte años me mostró un modelo de mujer al que yo no tenía acceso; y segundo porque ella nunca dejó de lado su talento”.  

García-Huidobro agrega que “como docente me entregó lo más importante, que fue la curiosidad por aprender del maquillaje y aplicarlo a un personaje para que le sirviera a la actuación. Siempre con amor, con mucho respeto y una mirada amplia y llena de humor. Espero que tenga un viaje maravilloso y nos cuide desde donde esté”.

Gabriela Aguilera, directora artística del Teatro UC, reconoce que Violeta Vidaurre “es parte esencial de la familia teatral chilena, prima de Luis Alberto Heiremans y pareja de Pedro Villagra, amiga cercana y transversal de la comunidad teatral”. Aguilera explica que “su vida en los escenarios y fuera de ellos, nos da cuenta de una historia que nos pertenece, de la herencia que las generaciones anteriores construyeron a tanta pasión y compromiso por el teatro y que son los cimientos que hoy nos tienen de pie”.