Reflexiones desde la pandemia: Andrés Kalawski

 

 Andres Kalawski director teuc


Invitado por la revista Theatre Research International, el dramaturgo y director artístico del Teatro UC, Andrés Kalawski, se sumó a los artistas e investigadores que comparten su experiencia en cuarentena y lo que está pasando con los teatros en sus países.

“Hay una obra olvidada, no muy buena, la verdad, escrita en los años 50 del siglo pasado por un dramaturgo chileno que además era médico: La jaula en el árbol. En ella, un hombre tiene escondida a una paloma y se niega a entregarla a las autoridades, aunque sabe que podría desatar una epidemia. Por razones obvias, he vuelto a pensar en esa obra estos días.

Las noticias sobre el nuevo virus y sus efectos parecían muy distantes cuando solo se había propagado por Asia. Chile estaba en verano. Enero es un mes de actividad teatral frenética y después, durante febrero casi toda la actividad teatral se detiene porque es el mes en que casi todo el mundo se toma vacaciones.

Chile había estado movilizado desde octubre. Empezó como una protesta de estudiantes saltando las barreras del metro para protestar por el alza en los pasajes y se convirtió en un movimiento nacional que reclamaba cambios políticos y económicos profundos. Al final de enero el balance era contradictorio: conseguimos un plebiscito para crear una nueva constitución (programado para el 26 de abril de 2020, ahora reprogramado para octubre), pero al mismo tiempo la represión seguía siendo brutal: más de 400 personas tenían lesiones en los ojos por disparos de la policía.

El movimiento social tuvo al menos dos efectos inmediatos sobre el teatro: primero, muchos teatros tuvieron que dejar de hacer funciones por el toque de queda, el gas lacrimógeno, los incendios, los disparos. Segundo, artistas profesionales y amateur desataron una teatralidad callejera y colectiva que transformó el paisaje de las ciudades chilenas con actos efímeros e intervenciones permanentes. Al mismo tiempo el teatro se volvió, por una parte ridículo y obsoleto, y por otra, profundamente necesario. Mientras otros teatros tenían programadas obras sobre problemas de pareja que parecían desconectadas de la realidad, nosotros presentábamos Muerte accidental de un anarquista, que ahora parecía premonitoria, pero de la que casi no podíamos hacer funciones. Como director artístico de uno de los teatros más importantes de Santiago (Teatro UC), tuve que tomar junto a mi equipo muchas decisiones de emergencia y era difícil saber si eran las correctas. A pesar de todo, los teatros encontraron formas de adaptarse, algunos se reconvirtieron en puntos de primeros auxilios, otros usaron sus fachadas para apoyar al movimiento.

De manera que cuando la epidemia llegó a Europa y empezamos a discutir la posibilidad de cerrar los teatros, no fue una sorpresa que muchos artistas pensaran que esta era otra estrategia de un gobierno corrupto para engañar a la población, o que había cosas más importantes y estábamos exagerando. Además, las funciones suspendidas del año pasado habían dejado a muchos artistas en una situación económica muy difícil. Ahora necesitaban con desesperación el dinero de las entradas. Suspender les parecía ridículo.

El 3 de marzo se confirmó el primer caso en Chile. Decidimos cerrar el teatro, justo después del primer estreno de la temporada. Decidimos cerrar cuando todavía no era obligatorio. Es raro dedicarse al teatro y querer cerrarlo, pero nuestra decisión ayudó a que otros teatros cerraran tempranamente. Hasta ahora, si le creemos al gobierno, que no es fácil, pocas personas han muerto en Chile por la pandemia.

Vuelvo a La jaula en el árbol. Todos tenemos amarrada nuestra salud mental a unas pocas cosas y no necesariamente sabemos a cuáles hasta que nos las quitan. Es fácil burlarse de las mujeres mayores que sufren porque no pueden ir a la peluquería durante la cuarentena, pero no es menos ridículo que cualquier cosa a la que nos aferremos estos días. No es fácil practicar la comprensión y la generosidad. Descubrimos que muchas personas pueden pasar un tiempo sin ir al teatro, nos sentimos superfluos. El trabajo de muchos artistas peligra, la mayoría la gente de teatro no tiene ingresos mientras nuestro gobierno ofrece ayudas para las grandes empresas, desde facilitar los despidos a préstamos de bajo costo avalados por el estado.

Hacemos teatro no solo porque el público lo necesita, sino porque nosotros lo necesitamos. Deberíamos parar y dejar por un momento que el encierro pese sobre todos nosotros. Temo que nuestra oferta incesante de teatro grabado y teatro online nace de la desesperación de no poder aferrarnos a eso que nos da nuestra salud mental, la práctica del teatro, más que a la necesidad del público. Temo que, si insistimos en la importancia de la cultura y las artes durante el encierro terminemos con nuestra belleza ayudando a silenciar las historias de dolor, estupidez y corrupción que deberíamos estar conociendo. Todavía no encontramos una forma de adaptarnos a este tiempo.

Al mismo tiempo, solo puedo agradecer al teatro, a la comunidad de personas que se interesan por mi bienestar, en la valoración de las prácticas corporales y el trabajo manual que aprendí del teatro y que ahora me rescatan de la desesperación. Volverá el tiempo de la movilización política y volverá el tiempo del teatro, pero quizás deberíamos entregar temporalmente nuestra paloma para salvarnos todos”.

Andrés Kalawski

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Theatre Research International https://www.cambridge.org/core/journals/theatre-research-international